Hay padres que lloran en silencio por sus hijos.
Cuando Dios pronuncia estas palabras, no improvisa. No responde a un capricho momentáneo del hombre. Habla desde la eternidad, desde un designio ya pensado, ya querido.
Pero quizá hoy Dios quiere recordarnos algo:
El milagro no empieza solamente en nuestros hijos… empieza primero en nosotros. El mejor regalo que le podemos dar a nuestros hijos son nuestras oraciones… oraciones perseverantes, constantes y llenas de amor.
Pero el Señor también quiere enseñarnos que esa oración debe hacerse con fe y esperanza, no desde el desespero ni la angustia. Porque cuando vivimos consumidos por el miedo, dejamos de mirar a Dios y nos enfocamos solamente en el problema.
Muchas veces, cuando tenemos dificultades con un hijo, centramos toda nuestra atención en él o en ella, y olvidamos que el Señor primero quiere trabajar en nosotros. Quiere sanarnos, moldearnos y transformarnos.
Todos estamos heridos. Y un enfermo tiene limitaciones para ayudar a otro enfermo. Pero alguien que permite ser sanado por Dios, puede amar mejor, acompañar mejor y ayudar mejor.
Tal vez el proceso difícil que estamos viviendo con nuestros hijos también es el camino que Dios está usando para acercarnos más a Él, para sanar nuestro corazón y enseñarnos a depender verdaderamente de su amor.
Y Él tiene promesas. Como la de Hechos 16,31:
«Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú y toda tu familia».
Entonces el trabajo no comienza solamente con nuestros hijos. Comienza con nosotros.
Dios es todopoderoso. Con un soplo creó el universo. Claro que puede transformar la vida de nuestros hijos. Pero también espera algo de nosotros: un corazón dispuesto.
Recordemos las palabras que Dios le dijo a Josué y Caleb:
“Esfuérzate y sé valiente.”
Hoy también nos las repite a nosotros.
Esfuérzate en la oración. Sé valiente para dejarte moldear por Dios. Reconoce que hay heridas que sanar y mucho que transformar. Porque cuando Dios empieza su obra en nosotros, también empieza a derramar su gracia sobre nuestra familia.
No te canses de orar por tus hijos.
Mientras tú oras, Dios también está obrando en ti.