Experimenta la gracia que tiene Francia
Un profundo viaje espiritual católico con Misa diaria celebrada por sacerdote acompañante.
¿Quieres conocer más de nuestras peregrinaciones previas? Explorar experiencias
Acompañamiento completo con:
Desde 2016, Sky Travel ha organizado peregrinaciones católicas a Francia para católicos de habla hispana desde Estados Unidos y Colombia. A diferencia de tours turísticos generales, nuestras peregrinaciones son experiencias espirituales auténticas con Misa diaria obligatoria y acompañamiento de sacerdote católico. Conoce más sobre nuestra misión católica y lee testimonios de peregrinos que han experimentado la gracia de este lugar sagrado.
Cada peregrinación incluye un sacerdote católico que celebra la Misa diaria en español, ofrece confesiones sacramentales, brinda dirección espiritual católica personalizada y predica homilías contextualizadas durante todo el viaje.
A diferencia de tours turísticos, nuestra peregrinación católica garantiza acceso diario a los Sacramentos: Eucaristía (Misa diaria obligatoria), Confesión individual con sacerdote, Adoración Eucarística ante el Santísimo Sacramento, y bendiciones sacerdotales.
Expertos católicos en la historia de los lugares a visitar. Nuestros guías comprenden profundamente la fe católica y su relación con este sitio sagrado.
Máximo 30 peregrinos católicos para una experiencia comunitaria de fe cercana que facilita lazos de hermandad católica, oración compartida del Rosario, y conversaciones profundas sobre la fe católica.
Horarios equilibrados que incluyen: Misa diaria católica, Rosario comunitario en sitios sagrados, tiempo para Confesión sacramental, Adoración Eucarística y oración personal.
Cientos de católicos satisfechos han peregrinado con nosotros. Lee sus testimonios sobre conversiones, sanaciones espirituales y renovación de fe católica.
El peregrino que pisa Lisieux siente la ternura de una fe sencilla y ardiente. Caminar por los lugares donde Teresa amó, rezó y escribió su “caminito” es adentrarse en la pureza del alma que se entrega sin reservas. Es una invitación a redescubrir la belleza de lo pequeño y la fuerza del amor cotidiano.
En el corazón de Normandía, Lisieux guarda el legado luminoso de Santa Teresa del Niño Jesús, la pequeña flor que ofreció su vida al Amor. Su casa natal, Les Buissonnets, y la majestuosa Basílica dedicada a ella recuerdan su camino de infancia espiritual, una senda de humildad y confianza absoluta en Dios.
Experimenta momentos de profunda oración y reflexión en la Cruz Azul en la base de la colina, un lugar especial de paz donde muchos continúan recibiendo gracias espirituales. Muchos peregrinos reportan sentir una abrumadora sensación de paz y la presencia de Nuestra Señora en este lugar sagrado.
En este encuentro, el peregrino podrá: Caminar en oración por el sendero que conduce al monte, disfrutar de la belleza única de la bahía, donde el mar se abre y se recoge con una fuerza que inspira silencio, admiración y gratitud. Vivir un tiempo de silencio y recogimiento en la cima, pidiendo la intercesión y protección del Arcángel San Miguel.
Meditar frente a las mareas, símbolo del corazón humano: a veces sereno, a veces en movimiento, pero siempre sostenido por Dios. Cada paso hacia la abadía es una invitación a renovar la fe, dejar cargas atrás y abrir el alma a una gracia profunda. Una experiencia que une camino, historia, belleza natural y encuentro con el Arcángel, para regresar transformado, fortalecido y en paz.
Mont Saint-Michel, ubicado en Normandía, Francia, es uno de los santuarios más antiguos dedicados al Arcángel San Miguel.
Según la tradición, en el año 708, San Miguel se apareció al obispo Aubert de Avranches, pidiéndole construir un santuario en la cima del monte. El obispo dudó varias veces, y el Arcángel se le apareció tres veces, llegando incluso a tocar su cabeza como signo de su llamado.
Obedeciendo finalmente al mandato celestial, Aubert inició la construcción de lo que con el tiempo se convertiría en la majestuosa abadía de Mont Saint-Michel, un faro espiritual que durante siglos ha sido lugar de oración, penitencia y encuentro con Dios.
Junto con el Monte Gargano en Italia (año 490), Mont Saint-Michel constituye una de las primeras y más importantes apariciones del Arcángel San Miguel en el mundo, y uno de los centros espirituales más visitados de Europa.
En el Santuario de Santa Ana d’Auray, los peregrinos sienten el abrazo de la abuela del Salvador. Allí, el corazón se llena de gratitud por la fe transmitida de generación en generación. Es un lugar para rezar por la familia, por los hijos y por la transmisión del amor de Dios a través del hogar.
En Auray, Santa Ana, la madre de la Virgen María, se manifestó al campesino Yves Nicolazic, recordando al mundo la santidad de las raíces familiares. Vannes, antigua ciudad episcopal, guarda templos y calles que fueron testigos de la devoción bretona más pura.
Estos santuarios son estaciones de encuentro profundo con María. Cada paso invita a renovar la consagración al Corazón Inmaculado y a experimentar la dulzura de una Madre que siempre guía hacia su Hijo. Es una peregrinación interior que florece en entrega y esperanza.
San Luis María Grignion de Montfort, apóstol del amor a la Virgen, reposa en Saint-Laurent-sur-Sèvre, donde su espiritualidad mariana sigue viva. En Les Ulmes ocurrió un milagro eucarístico que reafirma la presencia real de Cristo, y en Pellevoisin, la Virgen se manifestó como Madre compasiva que invita a la confianza.
En Rocamadour, el peregrino asciende por escaleras de piedra, cada peldaño una súplica, cada mirada un acto de fe. Es un lugar para dejar atrás el miedo y abrazar la confianza en Dios que sostiene aún en la roca más dura.
Rocamadour, suspendido entre cielo y tierra, es un santuario milenario dedicado a la Virgen Negra, símbolo de protección maternal en medio de la fragilidad humana. Limoges, con su antigua catedral gótica, resguarda siglos de oración y arte sagrado.
Cada gesto, el agua, el rosario, la procesión de antorchas, es un encuentro vivo con el amor materno de María. Los peregrinos oran, cantan y lloran, encontrando en Lourdes el alivio del cuerpo y del alma. Es un corazón que late al ritmo del Ave María.
Desde las apariciones de la Virgen a Santa Bernardita en 1858, Lourdes se convirtió en uno de los lugares más sagrados del mundo. Aquí, María se presenta como la Inmaculada Concepción y abre un manantial de curación y esperanza.
Caminar entre los muros del Palacio Papal y las reliquias de Magdalena es sumergirse en los orígenes de la fe. Cada piedra habla del poder transformador del perdón y la conversión. Es un llamado a redescubrir la misión de ser testigos del Evangelio.
Aviñón, antigua sede de los Papas, conserva en su Palacio la memoria de una Iglesia que supo sostener la fe en tiempos turbulentos. En Saint-Maximin-la-Sainte-Baume se venera a Santa María Magdalena, testigo de la Resurrección y apóstol del amor redentor.
Ante la Virgen de La Salette, el peregrino experimenta el poder del arrepentimiento y la misericordia. Lyon invita a renovar la fe con alegría, recordando que la gracia siempre renace en los corazones dispuestos a escuchar.
En La Salette, la Virgen apareció entre lágrimas en 1846, pidiendo conversión y oración por un mundo que se alejaba de Dios. Lyon, cuna de santos y mártires, conserva la memoria de una Iglesia viva que florece en fidelidad y testimonio.
Aquí, la oración se vuelve íntima y confiada. En Ars, el alma aprende el valor del sacrificio por amor, y en Paray-le-Monial descubre el latido compasivo del Corazón de Jesús que nunca deja de amar. Dos destinos donde la misericordia tiene rostro y fuego.
Ars fue el hogar del Santo Cura Juan María Vianney, modelo de sacerdotes y pastor incansable. En Paray-le-Monial, Jesús reveló su Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque, mensaje que transformó el mundo entero con su amor ardiente.
El peregrino culmina su viaje entre las luces de París, donde María extiende su manto sobre la ciudad. Cada iglesia, cada oración, es una chispa de fe que renueva la esperanza. Así concluye el camino: transformado por la gracia y preparado para volver al mundo como testigo de amor.
En Nevers reposa el cuerpo incorrupto de Santa Bernardita, testimonio visible de la pureza y la fidelidad. París, corazón espiritual y cultural, guarda tesoros de fe en la Medalla Milagrosa, San Vicente de Paúl, el Sagrado Corazón y Nuestra Señora de las Victorias.
Contacta a nuestros especialistas en peregrinaciones hoy mismo